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Niñas con altas capacidades, las olvidadas

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Dime el nombre de una música que haya hecho historia, una pintora de gran calidad, una filósofa avanzada a su tiempo, una escritora que cambió una época, una política que luchó por sus ideales, una científica que hiciera avanzar la ciencia… Así podría empezar una clase en cualquiera de nuestros institutos (¡o facultades!) y lo más probable es que, a lo sumo las respuestas se limiten a uno o dos nombres. Pero si cambiamos el género sobre el que recaen nuestras pesquisas, seguro que los nombres fluyen con más naturalidad (no mucha, es cierto, porque la historia, la literatura y el arte, así como toda aquella ciencia que no sea pragmática se ha relegado de una manera insultante en nuestras aulas). Sin embargo, los nombres, en masculino, poco a poco irían surgiendo.

Porque a ellos sí que los estudiamos. Y aunque no nos lo planteemos eso crea ciertos patrones, ciertas conductas en las que se acaban reflejando nuestros alumnos, nuestros niños y niñas, nuestro futuro.

Por diversas razones (básicamente personales, lo reconozco), la situación de las niñas con altas capacidades me ha llamado la atención. Hace algunos años un grupo de profesores, en una reunión, me dejaron caer que las niñas eran más trabajadoras, que sentían más motivación por el estudio,  más creativas a la hora de buscar soluciones a los problemas reales, pero que eran menos capacitadas (en cuestión de inteligencia) que los chicos y eso lo dejaba claro el hecho de que en sus aulas tenían a más alumnos con altas capacidades que niñas. Ante el brote visceral feminista que aquello podría haberme supuesto, la única respuesta que se me ocurrió es “el problema es que no las vemos. Se camuflan y las perdemos“. Y sigo creyendo en ello.

Hace un par de años, una chica con altas capacidades le aconsejó a otra: “si quieres dejar de ser la rara, sal con chicos, olvídate los deberes de vez en cuando, grita histérica delante del grupo de moda y viste como visten todas, aunque no te guste. Eso da igual. Lo importante es formar parte del grupo“. ¿Alguien le diría algo así a un chico superdotado o con un talento especial para la ciencia, por ejemplo?

Las niñas con altas capacidades tienen tendencia a valorar por encima de todo su capacidad para encajar en la sociedad que les ha tocado vivir y ponen en ello mucho empeño, incluso si con ello deben sacrificar lo que realmente son, su talento, su creatividad, su pensamiento distinto, sus soluciones diferentes… ¿Y por qué? Porque tradicionalmente es el papel que a la mujer le ha tocado vivir, pero que no tiene porqué perpetuarse. Quizás si fuéramos capaces de mostrarles que las mujeres también son capaces (ahora y siempre a lo largo de la historia) de conseguir grandes proezas, esos pequeños genios dejarían de camuflarse, para salir a la luz.  Aunque lo primero, será aprender a encontrarlas y ahí profesores, escuelas y especialistas tienen un duro trabajo, porque debemos empezar pronto, cuando la sociedad establecida, cuando los roles perpetuados durante siglos, aún no hayan hecho mella en ellas.

 

 

 

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